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El arte de cada día

Dicen que el acto de creación es un acto de resistencia (Deleuze), ante todo resistencia a la muerte. Cada acto de creación resiste a algo. Kandinsky decía que se podía medir la salud espiritual de una sociedad por la presencia de sus artistas. Pero la resistencia no es social, nunca lo ha sido, la resistencia es primero, hacia el linaje y propio. Luego, al no reconocerla o empujarla al olvido y al resentimiento, se extiende un poco más, a la sociedad. No estamos del todo contentas/contentos con la forma en cómo nos relacionamos. Sobre todo, con la forma en cómo nos relacionamos con nosotrxs mismxs. No elegimos dónde caer y eso incomoda. El arte resiste a la no elección. Felizmente, en consciencia, luego y luego, podemos decidir, pero antes es importante reconocer, limpiar y moverse.

 

Resistimos de muchas maneras. El arte, la palabra, el cuidado, la ternura, el lenguaje, la visión, la flor. Cuando pinto, siento sentido, alegría, ánimo, reconozco la infinitud que está hecha de tierra.

 

¿Qué relación tenemos con la obra de arte? Proponiendo el sentido de una obra de arte como el objeto que adquiere el papel de recibir y sostener la expresión sensible que nace en la intimidad, como resultado de la exposición donde se absorbe y se atiende. ¿Cuál es el sentido de la imagen que nace del trazo? Entendiendo que el trazo es solo el vocero de una cadena anterior más extensa.

 

La relación no está solo en el momento en el que las imágenes están listas para observarse en un espacio determinando. Está lo que se antepone y la esencia radica en permitir la expresión sincera en el reino de lo instantáneo, en el reino de la vida que sucede cada día.

 

En los tiempos de cuestionamiento, donde la duda se normaliza, por la cantidad de información y voces que orbitan, que confunden, que dificultan la distinción de la propia voz: la resistencia. Coherencia, entre decir y hacer. Tiempo: para reconocer al propio interior y activarlo.

 

El arte de cada día, como resistencia, se materializa en  imágenes interiores en esta civilización de la imagen que distrae y satura. Se integran, los actos de pintar y dibujar —como actos sutiles, sensibles, pausados, lentos, observacionales, contemplativos, poéticos, orgánicos—, al caos y en conversación a otras resistencias conscientes o inconscientes, como alimento, que se consume profundamente.

 

Dicen que el acto de creación es un acto de resistencia (Deleuze), ante todo resistencia a la muerte. Cada acto de creación resiste a algo. Que las resistencias conscientes, digeridas, resueltas en medida, nos recuerden de aquello que está más allá de la superficie y que está vivo.

 

Fiorenza